El papa Francisco será sepultado en una tumba construida con mármol extraído de Liguria, región italiana de donde eran originarios sus abuelos maternos. La piedra utilizada, conocida por su dureza y su color negro intenso, proviene de las canteras del golfo de Tigullio, al norte de Italia, en una zona situada entre Sestri Levante y Val Fontanabuona.
La elección del material y el lugar de descanso final fue una decisión personal del pontífice, quien pidió expresamente que su tumba fuera hecha con piedra de la tierra de sus ancestros. El anuncio fue confirmado por la Oficina de Prensa del Vaticano, que detalló que el sepulcro lleva únicamente la inscripción “Franciscus” y una reproducción de su cruz pectoral.
La tumba de Francisco ha sido colocada en la Basílica de Santa María la Mayor, en un nicho entre la Capilla Paulina, que alberga la imagen de la Salus Populi Romani, y la Capilla Sforza, cerca del altar de San Francisco. El lugar tiene un fuerte valor simbólico y emocional para el pontífice, quien mostró siempre una devoción mariana profunda.
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El cardenal Rolandas Makrickas, arcipreste coadjutor de la basílica, reveló que el papa había manifestado su deseo de que su tumba fuese hecha con piedra de Liguria, como forma de rendir homenaje a sus raíces. El vínculo con la región fue discretamente mantenido durante su pontificado, aunque era conocido que su bisabuelo Vincenzo Girolamo Sívori, nacido en 1850 en Cogorno, había emigrado desde allí a Buenos Aires, donde falleció joven en 1882.
La decisión del papa ha sido recibida con emoción en Cogorno, un pequeño municipio de poco más de 5.000 habitantes. “Nos hizo un gran regalo. Una última sorpresa”, dijo Cristina Cogorno, descendiente directa de la familia Sívori. Su madre, Angela Sívori, residente en el pueblo, recibió con asombro la noticia de que era prima del Papa tras un intercambio de documentos genealógicos con el Vaticano.
Durante su pontificado, Francisco no habló públicamente de sus raíces ligures, aunque tuvo dos momentos de cercanía: una visita familiar en Génova en 2017, donde saludó a los Sívori como “primos del fin del mundo”, y un encuentro con una delegación cultural de Sestri Levante en 2015, que le regaló una pizarra tallada con símbolos locales. Ese gesto, que pareció menor en su momento, ahora adquiere un valor histórico.

Para muchos, la piedra de Liguria resume la personalidad del pontífice. Según Franca Garbarino, presidenta del Distrito de la Pizarra, “no es una piedra noble, sino una piedra del pueblo. Humilde, resistente, esencial. Como él”. Garbarino explicó que, a diferencia del mármol, la pizarra no es fría. “Devuelve el calor. Es cálida, como una presencia que acompaña”, dijo.
Desde la región, varias canteras ya han ofrecido colaboración para elaborar las losas definitivas o certificar la autenticidad del material utilizado. Para Cogorno, esta tumba marca el inicio de un nuevo capítulo. El pueblo, que ya cuenta en su historia con dos papas —Inocencio IV y Adriano V—, ahora se convierte simbólicamente en la tierra de los “tres papas”.
Con su última voluntad, Francisco dejó un mensaje silencioso: regresar simbólicamente a sus raíces, descansar en la piedra de su gente, y quedar unido para siempre a la tierra de su memoria familiar.
Por: Itzel Olivo


