En el 80.º aniversario de la rendición japonesa en la Segunda Guerra Mundial, el primer ministro Shigeru Ishiba rompió con tres décadas de tradición al decidir no emitir una declaración oficial de disculpa, reavivando el debate sobre si el país debe seguir asumiendo públicamente su responsabilidad en el conflicto.
El 15 de agosto de 1945, el emperador Hirohito anunció por radio la capitulación de Japón, marcando el final de la guerra en el Pacífico. Desde 1995, con el mensaje histórico de Tomiichi Murayama que pidió perdón “sinceramente por el dominio colonial y la agresión” y expresó su “profundo arrepentimiento”, cada primer ministro había reiterado o matizado esas palabras cada década. Junichiro Koizumi lo hizo en 2005, mientras que Shinzo Abe, en 2015, reafirmó las disculpas pero rechazó repetirlas indefinidamente, asegurando que las futuras generaciones no debían cargar con esa responsabilidad.
La decisión de Ishiba, de 68 años, se interpreta como un movimiento para no confrontar al ala conservadora del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD) tras la derrota electoral en la cámara alta. El sector más a la derecha del partido sostiene que la declaración de Abe en 2015 fue suficiente.
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El silencio de Ishiba coincide con un cambio sustancial en la política de defensa japonesa, alejándose del pacifismo impuesto tras la guerra. Tokio planea elevar el gasto militar al 2 % del PIB en 2027 y ha flexibilizado su prohibición de exportar armas. Este mes, Mitsubishi Heavy Industries obtuvo su primer gran contrato de defensa desde la posguerra, al superar a la alemana Thyssenkrupp Marine Systems para construir once fragatas para Australia por 5.600 millones de euros.

El historiador alemán Torsten Weber, del Instituto Alemán de Estudios Japoneses en Tokio, señala que esta postura refleja una mentalidad de “pasar página” que, desde la óptica europea, puede verse como evasión de responsabilidad, pero que en Asia Oriental resulta comprensible debido al uso nacionalista de la memoria histórica por parte de China y Corea del Sur. Un análisis profundo de la guerra implicaría revisar el papel del emperador y la familia imperial, un tema tabú en Japón.
Desde 1995, grupos ultraconservadores como Nippon Kaigi han impulsado manuales escolares que presentan a Japón como víctima y omiten sus crímenes de guerra. En 2023, algunas editoriales modificaron la narrativa sobre la Batalla de Okinawa, eliminando referencias al suicidio forzado de civiles por parte del Ejército japonés. Aunque persisten estas influencias revisionistas, la mayoría de los textos escolares aún ofrecen una visión relativamente neutral del conflicto.

Críticas y desconocimiento histórico
El periódico liberal Asahi acusó a Ishiba de ceder a presiones internas para proteger su liderazgo, en contraste con Murayama, que “arriesgó su cargo” por hacer su declaración en 1995.
Pese a la amplia cobertura del aniversario, una encuesta reveló que más de un 25 % de los japoneses desconoce la fecha exacta del fin de la guerra, cifra que podría aumentar por el papel de las redes sociales y el consumo fragmentado de noticias, advierte Weber.
DW
Por: Itzel Olivo


