La reina madre de Tailandia, Sirikit, falleció este sábado a los 93 años, poniendo fin a una era marcada por el largo reinado de su esposo, el rey Bhumibol Adulyadej (Rama IX), quien gobernó entre 1946 y 2016.
Sirikit fue reconocida por su elegancia, sonrisa y papel diplomático, que la convirtieron en un ícono mundial de la realeza. Durante la Guerra Fría, apoyó fundaciones y grupos que defendieron la monarquía frente al comunismo.
Retirada de la vida pública desde 2012 por problemas cardíacos, su legado perdura como símbolo de elegancia, patriotismo y maternidad nacional en Tailandia, donde su cumpleaños sigue celebrándose como el Día de la Madre.
Durante el reinado del reverenciado Rama IX de la dinastía de los Chakri, la reina Sirikit fue una fiel acompañante del monarca y se hizo famosa en el mundo entero por su sempiterna sonrisa y glamurosa imagen, que la convirtieron en una diva de la realeza y la política internacionales a la altura de Farah Dhiba, Imelda Marcos o Grace Kelly.
Su fama mundial se fraguó en 1960, cuando los monarcas visitaron un total de 40 países, entre ellos España, donde los recibieron con todos los honores por el dictador Franco y su esposa Carmen Polo y Sirikit recibió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

La reina madre de Tailandia, Sirikit, falleció este sábado a los 93 años
En 1932 se abolió la monarquía absoluta en Tailandia y durante la siguiente década la Casa Real perdió progresivamente el enorme poder que disfrutaba hasta entonces, pero Bhumibol logró que recuperase su brillo.

El rey se convirtió en un elemento unificador de la nación, reverenciado por una gran parte de los tailandeses como un semidios, gracias a sus obras sociales y a una cuidada imagen de «dhammaraja» (protector del budismo).
Además de su glamour y elegancia, Sirikit tenía un lado combativo y en los años setenta se le nombró patrona de los Vigilantes de los Pueblos, organización paramilitar que se dedicaba a la lucha contra los insurgentes del Partido Comunista de Tailandia.
En 2012, a Sirikit se le diagnosticó cardiopatía isquémica, una dolencia ocasionada por la arteriosclerosis de las arterias coronarias por la que permaneció hospitalizada durante cuatro años, lo que marcó una desaparición de la vida pública casi total, a pesar de que recibió el alta médica en noviembre de 2016.


