Estados Unidos rechazó una propuesta de Nicolás Maduro que buscaba pactar una transición política de dos a tres años antes de abandonar el poder. Aunque la oferta parecía un gesto de apertura, en Washington la interpretaron como una maniobra diseñada para prolongar su permanencia en el cargo mientras ganaba tiempo para reorganizarse internamente y aliviar la presión internacional.
La propuesta surgió en medio de negociaciones discretas, cuando la Casa Blanca endurecía su postura frente al régimen venezolano y evaluaba nuevas sanciones. Funcionarios estadounidenses consideraron que el plan no ofrecía garantías reales de cambio democrático ni mecanismos claros para evitar que el chavismo mantuviera el control institucional durante el proceso.
Detrás del rechazo también pesó el cálculo geopolítico: la administración estadounidense no ve viable una transición larga y controlada por el propio Maduro, especialmente en un contexto donde Washington busca mayor estabilidad regional y transparencia en el manejo de los vastos recursos energéticos venezolanos. Para EE.UU., aceptar el plan habría significado otorgar al régimen una legitimidad que no está dispuesto a conceder.
Con el portazo a esta propuesta, la relación bilateral vuelve a tensarse. La Casa Blanca insiste en que cualquier salida política en Venezuela debe incluir garantías inmediatas, supervisión internacional y un cronograma verificable. Mientras tanto, Caracas intenta mostrar voluntad de negociación, pero sin ceder el poder efectivo que ha sostenido por más de una década.
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Detrás del rechazo pesó también la visión estratégica estadounidense: el gobierno de Estados Unidos no considera viable una transición prolongada dirigida por el propio Maduro, especialmente en un momento en que busca estabilidad regional y un manejo transparente de los vastos recursos energéticos venezolanos.
La Casa Blanca reiteró que cualquier acuerdo futuro debe incluir:
- Garantías inmediatas,
- supervisión internacional,
- un cronograma verificable,
- y pasos concretos hacia un proceso electoral confiable.
Contexto: EE. UU. aumenta presión militar e inteligencia sobre Venezuela
El rechazo a la oferta coincidió con una de las mayores demostraciones de fuerza de Estados Unidos en la región en décadas. El portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande de la Armada estadounidense, fue desplegado en el mar Caribe con una fuerza de 15,000 soldados, en el marco de la operación “Lanza del Sur”, la mayor movilización desde la crisis de los misiles de 1962.
Simultáneamente, el presidente Donald Trump autorizó a la CIA a preparar operaciones encubiertas dentro de Venezuela, que podrían incluir sabotaje, ciberataques, operaciones psicológicas o campañas informativas, como fase previa a una posible acción militar.
El Pentágono, por su parte, elaboró listas de objetivos vinculados al narcotráfico y unidades militares cercanas a Maduro.
A pesar de no autorizar el despliegue de tropas terrestres, Trump reiteró que “no descarta nada” respecto a la situación venezolana.
Presión diplomática, económica y legal
Como parte del plan de presión, el Departamento de Estado anunció la futura designación del Cartel de los Soles como organización terrorista, un paso que abriría la puerta a acciones más duras contra el círculo militar y político de Maduro.
En paralelo, Maduro intentó suavizar tensiones ofreciendo a Estados Unidos mayor acceso a las reservas petroleras venezolanas, un punto de gran interés para Washington.
Operaciones marítimas y críticas legales
Dentro de la ofensiva estadounidense, la Marina lanzó 21 ataques contra embarcaciones señaladas como transportistas de drogas, dejando 83 muertos.
Aunque Trump afirmó que se combatía el tráfico de fentanilo, informes militares revelaron que la mayoría de las embarcaciones llevaba cocaína, no opioides sintéticos.
Estas operaciones se realizaron sin autorización del Congreso, lo que generó críticas sobre la legalidad y el riesgo de atacar a civiles no catalogados como combatientes.
Una salida aún incierta
Las conversaciones informales dejan ver que todavía existe margen para una solución negociada, pero Washington no ha definido cuál de las opciones priorizar:
- Un acuerdo petrolero,
- una salida negociada de Maduro,
- o una intervención de fuerza para forzar un cambio de gobierno.
Mientras tanto, la Casa Blanca mantiene una estrategia de presión máxima, combinada con canales diplomáticos que siguen abiertos.
Infobae


