El papa León XIV pidió este martes “nuevos enfoques” para la paz en Oriente Medio durante una misa multitudinaria en Beirut que reunió a unas 150.000 personas. El pontífice llamó a dejar atrás la mentalidad de venganza, superar divisiones políticas y religiosas, y abrir un camino de reconciliación en una región marcada por crisis y conflictos.
Durante su visita, el papa rezó en el puerto de Beirut, donde ocurrió la devastadora explosión de 2020, y se reunió con sobrevivientes y familiares que reclaman justicia. También animó a los libaneses a reavivar el sueño de un país unido en medio del colapso económico y las tensiones que aún persisten tras la guerra entre Hezbolá e Israel.
León XIV visitó además un hospital dirigido por monjas, donde agradeció a quienes cuidan a los más vulnerables, y envió un mensaje especial a los jóvenes cristianos y musulmanes, asegurando que tienen el entusiasmo para “cambiar el curso de la historia”.
Previo a tomar su vuelo de regreso, lanzó un mensaje dirigido indirectamente a Hezbolá e Israel, al afirmar: “Expreso mi aspiración a la paz, con un llamado de corazón: que cesen los ataques y las hostilidades”. Sin mencionar a ninguno por nombre, el pontífice advirtió que la lucha armada “no trae beneficios”, subrayando que “las armas son letales, pero la negociación, la mediación y el diálogo son constructivos”.
Su mensaje buscó reforzar la necesidad de un viraje político y social en un contexto donde persisten los temores de una reanudación del conflicto, especialmente tras la reciente intensificación de ataques aéreos israelíes.
El papa, de origen peruanoestadounidense, llegó el domingo desde Turquía en su primer viaje internacional como líder de la Iglesia católica. Fue recibido con entusiasmo por una nación que sigue luchando contra un severo colapso económico y las secuelas de la guerra entre Hezbolá e Israel del año pasado.
“Despojémonos de la armadura de nuestras divisiones étnicas y políticas, abramos nuestras confesiones religiosas al encuentro mutuo y despertemos en nuestros corazones el sueño de un Líbano unido”, proclamó durante su homilía cerca del lugar devastado por la explosión de agosto de 2020.
A su llegada al servicio religioso, León XIV avanzó entre la multitud en su papamóvil mientras miles de fieles le ofrecían rosas. Entre los asistentes estaban el presidente Joseph Aoun y otros altos funcionarios del país.
“Hemos venido con alegría a participar en esta celebración celestial”, expresó Samira Khoury, una de las asistentes citadas por el Vaticano. Aseguró que “el papa pone alegría y paz en nuestros corazones y fortalece nuestra esperanza”.
Participantes llegaron desde distintas zonas del país, así como desde Siria, Estados Unidos, Filipinas y Sri Lanka, reflejando la dimensión internacional de la convocatoria.
“Es un signo de esperanza para Líbano… puedo ver la esperanza en los ojos de la gente”, afirmó Elias Fadel, de 22 años, quien pidió que “no haya ninguna guerra”.
Antes de la misa, el papa rezó en silencio en el puerto donde ocurrió la explosión del 4 de agosto de 2020, que dejó más de 220 muertos y 6.500 heridos. Con contenedores dañados, escombros y silos destruidos como telón de fondo, encendió una lámpara en homenaje a las víctimas y conversó con familiares, incluidos niños que sostenían fotos de sus seres queridos.
La abogada Cecile Roukoz, cuyo hermano murió en la tragedia, expresó: “Estamos muy agradecidos por esta visita del papa. Sabemos que él alza su voz por la justicia y necesitamos justicia para nuestros hermanos y todas las víctimas”. Hasta la fecha, ningún responsable ha sido llamado a rendir cuentas por lo ocurrido.
El papa dijo sentirse “profundamente emocionado” durante su visita al lugar y aseguró que lleva consigo “el dolor y la sed de verdad y justicia” de las familias afectadas.
La primera actividad de este martes fue una visita a un hospital psiquiátrico dirigido por monjas en las afueras de la capital. Allí fue recibido entre aplausos, vítores y pétalos de rosa.
Marie Makhlouf, madre superiora de la congregación, agradeció al pontífice por ser “un padre para los olvidados, los abandonados y los marginados”, destacando la importancia de su visita para quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad.
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