Por Raúl Germán Bautista.- Durante el Sermón de las Siete Palabras 2026, la Iglesia católica advirtió sobre las difíciles condiciones que enfrentan las mujeres en República Dominicana, marcadas por la soledad, la inestabilidad laboral y la precariedad económica.
En la Tercera Palabra, pronunciada por el diácono José Ricardo Rosado, se reflexionó sobre el mandato de Jesús: «He aquí a tu hijo; he aquí a tu Madre».
El religioso explicó que muchas mujeres, sostén de los hogares y cabeza de familia, viven en condiciones adversas que afectan su estabilidad emocional y económica.
El diácono denunció la «profunda herida» que representan los feminicidios y las agresiones sexuales en el país. Señaló que, en los primeros meses de 2026, estas muertes han aumentado en un 200 %.
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Asimismo, hizo un llamado urgente a reconocer el valor de la mujer con acciones reales, mediante estructuras de protección, acogida y acompañamiento, especialmente ante embarazos inesperados o situaciones límite.
También instó a la Iglesia a actuar con «ternura y valentía» para defender la vida y no abandonar a quienes sufren en medio de la soledad o el maltrato.
«A pesar de su firmeza moral y de su generosidad incansable, muchas de ellas viven bajo condiciones de profunda vulnerabilidad económica y emocional. No pocas cargan solas con la educación de los hijos, el cuidado de los ancianos y enfermos, la inestabilidad laboral, la incertidumbre habitacional y la inseguridad en las calles. A esto se suman sufrimientos silenciosos que hieren el corazón de la mujer: el abandono afectivo, la ruptura de la vida matrimonial, la infidelidad, la soledad interior en medio de múltiples responsabilidades, el peso de culturas que todavía reducen su papel a tareas invisibles o no reconocidas, y la falta de apoyo cuando enfrentan embarazos inesperados o situaciones límite en sus familias».
El diácono sostuvo que esta realidad implica promover espacios donde las mujeres sean acogidas, escuchadas y valoradas, donde la fe se traduzca en acompañamiento concreto, estructuras de protección y comunidades que cuidan sin abandonar.
Afirmó que, de este modo, el Evangelio se encarna en la historia y la cruz de Cristo se manifiesta como fuente de vida, esperanza y redención.


