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Muchos entran pero pocos se gradúan: la deuda silenciosa de la educación superior

El acceso a la educación superior ha crecido en la última década, pero las tasas de egreso evidencian que una parte significativa de los estudiantes no logra completar sus estudios. La expansión de la educación superior en República Dominicana ha permitido que cada vez más jóvenes ingresen a las universidades. Sin embargo, detrás de ese crecimiento se esconde una realidad persistente: el sistema logra atraer estudiantes, pero no siempre consigue retenerlos hasta la graduación. Las cifras oficiales muestran que, durante más de una década, la relación entre ingreso y egreso ha estado marcada por una brecha constante que deja a miles de estudiantes fuera del camino académico.

El análisis de los datos del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) confirma que el problema no radica en el acceso. Cada año, el sistema recibe un volumen considerable de nuevos estudiantes, pero una proporción importante no logra culminar sus estudios. Esta situación plantea interrogantes sobre la capacidad del sistema universitario para garantizar la permanencia y el éxito académico de quienes ingresan.

Una brecha persistente entre ingreso y egreso

En 2012, el sistema universitario registró 80,174 estudiantes de nuevo ingreso y 41,114 egresados, lo que representó una tasa de egreso de 52.00 %. Aunque este nivel supera el de años posteriores, marcó el inicio de un patrón en el que la cantidad de estudiantes que se gradúan resulta considerablemente menor que la de quienes ingresan.

En los años siguientes, la brecha se hizo más evidente. En 2013, con 121,717 estudiantes de nuevo ingreso, solo 38,897 egresaron, lo que redujo la tasa a 41.91 %. En 2014, con 123,169 ingresos, se registraron 41,527 egresados, equivalente a una tasa de 41.85 %. Para 2015, los datos muestran 128,641 ingresos y 42,982 egresados, con una tasa de 43.12 %.

El año 2016 representó una excepción dentro de la serie, con una tasa de egreso de 66.93 %, la más alta registrada, al contabilizar 53,664 egresados frente a 132,770 ingresos. Sin embargo, este comportamiento no se mantuvo en el tiempo. En 2017, la tasa descendió a 48.93 %, en 2018 se situó en 50.29 %, y en 2019 volvió a caer a 45.62 %, confirmando la dificultad del sistema para sostener niveles altos de graduación.

El año 2020 marcó el punto más crítico en la relación entre ingreso y egreso. La tasa de egreso descendió a 36.53 %, la más baja de toda la serie analizada. Ese año ingresaron 88,715 estudiantes, pero solo 48,496 lograron graduarse.

Este descenso refleja el impacto de la pandemia no solo en el acceso, sino en la permanencia dentro del sistema. Factores como la crisis económica, la transición a la virtualidad y las limitaciones tecnológicas incidieron directamente en la continuidad de los estudios.

Recuperación con limitaciones

Tras el impacto de la pandemia, el sistema universitario mostró signos de recuperación, aunque con resultados mixtos. En 2021, la tasa de egreso se elevó a 49.03 %, con 62,117 egresados frente a 103,947 ingresos. En 2022, el indicador se situó en 46.33 %, con 63,817 egresados, y en 2023 alcanzó 47.11 %, con 62,558 egresados.

Para 2024, la tasa de egreso se ubicó en 62.93 %, con 55,824 egresados frente a 109,356 ingresos, lo que representa uno de los niveles más altos de la última década. No obstante, este repunte no elimina la tendencia histórica de inestabilidad en la permanencia estudiantil.

El comportamiento de los ingresos confirma la expansión del sistema universitario. A partir de 2013, el número de estudiantes de nuevo ingreso superó los 120 mil, alcanzando cifras como 123,169 en 2014, 128,641 en 2015 y 132,770 en 2016.

El punto más alto se registró en 2018 con 137,746 estudiantes de nuevo ingreso, seguido de 132,801 en 2019. Aunque en 2020 se produjo una caída a 88,715 estudiantes, el sistema se recuperó en los años siguientes, con 103,947 en 2021, 111,231 en 2022, 107,600 en 2023 y 109,356 en 2024.

Aquí puede colocarse un gráfico: evolución de estudiantes de nuevo ingreso entre 2012 y 2024, mediante un gráfico de líneas o barras.

Un problema estructural

El análisis de los datos evidencia que la deserción universitaria no es un fenómeno aislado, sino un problema estructural del sistema educativo dominicano. La diferencia entre quienes ingresan y quienes egresan se ha mantenido de forma constante, incluso en períodos de crecimiento.

Esta situación sugiere la existencia de factores que limitan la permanencia estudiantil, entre ellos las dificultades económicas, la necesidad de incorporarse al mercado laboral, las debilidades en la formación previa y la falta de orientación vocacional.

El crecimiento del acceso a la educación superior representa un avance importante para el país. Sin embargo, los datos muestran que este logro no es suficiente si no se acompaña de políticas que garanticen la permanencia y la culminación de los estudios.

La brecha entre ingreso y egreso plantea un reto central para el sistema universitario dominicano: transformar el acceso en graduación. En este contexto, la educación superior no solo debe abrir sus puertas, sino también asegurar que quienes entran tengan las condiciones necesarias para completar su formación.

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