Escoltadas por agentes de Migración, con niños en brazos y pocas pertenencias en bolsas plásticas, dos mujeres fueron retiradas este lunes del Hospital Dr. Robert Reid Cabral para ser subidas a “la camiona”, el vehículo oficial que transporta a extranjeros en situación irregular. La escena, marcada por el silencio forzado y la incertidumbre, es parte del nuevo protocolo migratorio hospitalario que entró en vigor esta semana en 33 hospitales públicos del país.
La Dirección General de Migración (DGM) comenzó el lunes 21 de abril la implementación del plan anunciado por el presidente Luis Abinader, con el objetivo de regular el acceso de extranjeros a los servicios de salud, hacer cumplir la ley migratoria y garantizar la sostenibilidad del sistema hospitalario.
El protocolo exige que todo paciente extranjero que acuda a los centros de salud públicos presente documentos válidos, como pasaporte o cédula, una carta de trabajo que acredite su legalidad en el país y prueba de domicilio en territorio dominicano. En caso de no cumplir con estos requisitos, se le ofrecerá atención médica, y una vez estabilizado, será reportado a Migración para su repatriación.
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Además, se ha dispuesto la presencia permanente de agentes migratorios dentro de los hospitales para verificar estos requisitos en tiempo real. Según el director del Servicio Nacional de Salud (SNS), el cobro por servicios a pacientes extranjeros será limitado únicamente a insumos y medicamentos, excluyendo honorarios médicos y administrativos, los cuales serán asumidos por el Estado.Pero el cumplimiento del protocolo ha expuesto un drama humano.
En uno de los episodios más crudos, se observó cómo varios indocumentados, en su mayoría haitianos, hacían sus necesidades dentro del camión de Migración, debido a la ausencia de servicios sanitarios, y luego lanzaban los desechos por las ventanas o la parte trasera del vehículo. Una escena que da cuenta de las condiciones precarias y la dignidad perdida en medio de un proceso administrativo que va más allá del control legal.
En paralelo, un hombre, visiblemente de nacionalidad haitiana, fue visto corriendo desesperado por los alrededores del hospital intentando evitar ser deportado, una imagen que resume el temor y la angustia que envuelve a muchos en este nuevo contexto.
Los hospitales involucrados en el protocolo han sido identificados por el Estado como puntos de alta demanda en zonas urbanas y fronterizas. Mientras tanto, organizaciones sociales y defensores de derechos humanos han comenzado a expresar su preocupación por la dimensión ética y humanitaria del operativo.
Más allá del argumento legal, en los pasillos de los hospitales y en la caja metálica de un camión de Migración, se escribe otro tipo de historia: una en la que la atención médica llega con miedo, el alta se convierte en sentencia, y el trayecto hacia la frontera comienza justo después de sanar.
Por: Itzel Olivo


