El gran apagón eléctrico que afecta a gran parte de España este lunes provocó una escena inédita en las calles: largas colas en bazares, carreras por garrafas de agua y una repentina fiebre por transistores de radio.
En el Colegio Stella Maris Fesd de Arturo Soria, Madrid, la jornada escolar concluyó entre advertencias inusuales: “Cuidado con los semáforos”. La directora, María Luisa, y el bedel, Abel, custodiaban las puertas abiertas, mientras los padres, sorprendidos, salían hacia calles donde los semáforos apagados convertían los cruces en un caos de coches avanzando según su propio criterio.
Sin electricidad, el recorrido cotidiano cambió. Calles colapsadas, peatones prudentes y conductores impacientes se mezclaban en un paisaje alterado. Pero la verdadera estampida se vio en los bazares, donde el «kit de emergencia» pilas, linternas, transistores y agua se convirtió en el bien más codiciado.
En apenas media hora, un bazar de la calle Víctor de la Serna agotó su stock de radios portátiles, seguido de linternas. Solo quedaban pilas y botellas de agua pequeñas. “De las grandes ya no queda nada”, advertía el encargado mientras la cola de clientes crecía.
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“Ese kit que nos dijeron que tuviéramos y nos tomamos a broma”, comentaba resignado uno de los compradores, que terminó llevándose velas y mecheros ante la falta de linternas. En los alrededores, otros establecimientos como Eroski y Alcampo permanecían cerrados: “Aquí todo es automático”, lamentaba una trabajadora.
La radio de coches estacionados en doble fila se convirtió en fuente improvisada de información. En barrios como Florencio Llorente, jubilados con transistores en la oreja recordaban épocas pasadas, mientras el sonido de las emisoras deportivas llenaba el aire como en los viejos tiempos.
Las joyerías resguardaban sus puertas; en calles de oficinas como Torrelaguna y La Castellana, se veía un auténtico desfile de peatones con mochilas negras, como en una escena de serie apocalíptica. “Una marea de peatones buscando la M-30”, describía Begoña, visitante atrapada en medio del caos.
Quienes todavía tenían cobertura móvil se convertían en imanes de información. Grupos de WhatsApp y Telegram hervían de memes, teorías de conspiración y rumores. Algunos orgullosos mostraban baterías solares desplegables o pastillas potabilizadoras adquiridas «por si acaso».
La memoria de los tinerfeños también afloró: en 2019, sufrieron un apagón de 12 horas en la isla. Con las cocinas de gas butano y dinero en efectivo —21 euros por una bombona, lograron sobrevivir. Ahora, la historia parecía repetirse en la península.
La escena más insólita se vio en gasolineras como Moeve (ex Cepsa) de la calle Agastia, donde clientes cargaban bombonas de gas mientras lamentaban la inutilidad de las tarjetas de crédito: como los semáforos, eran inservibles.
El mundo
Por: Itzel Olivo


