Un emotivo video que circula en redes sociales ha tocado el corazón de miles de personas. En las imágenes se ve a una exmonja de clausura que, el mismo día de su boda, regresó a su antiguo convento para compartir un último momento de oración con sus antiguas hermanas.
Vestida de novia y con el ramo en las manos, la mujer se arrodilló para rezar junto a la comunidad religiosa que fue su hogar durante años. El conmovedor gesto fue captado en video y ha generado una ola de reacciones positivas por su carga espiritual y emocional.
Tras un largo proceso de discernimiento y autoconocimiento, la mujer decidió abandonar la vida monástica. Solicitó la dispensa de sus votos perpetuos, una decisión que fue revisada y aprobada por la Santa Sede. A pesar de haber elegido un nuevo camino, su vínculo con el convento y sus hermanas quedó profundamente marcado.
Al finalizar el rezo, una de las monjas le entregó una figura de la Virgen, probablemente elaborada por las propias hermanas en el taller del convento. La novia, visiblemente emocionada, no pudo contener las lágrimas en un momento que añadió aún más significado a uno de los días más importantes de su vida.
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LA VIDA EN CLAUSURA: ESPIRITUALIDAD, COMUNIDAD Y ENTREGA:
Las monjas de clausura, también conocidas como monjas contemplativas, llevan una vida dedicada completamente a la oración y al retiro del mundo exterior. Su jornada comienza alrededor de las 5 a.m. y termina a las 10 p.m., en un ritmo constante de oración, reflexión y trabajo manual.
«Mediante un retiro físico y espiritual, las monjas de clausura se reúnen junto a sus hermanas en un monasterio alejado de todo, con el principal objetivo de estrechar su relación con Dios.»
Durante su permanencia en el convento, las hermanas forman lazos profundamente afectivos entre ellas. Comparten todas las actividades cotidianas, desde la oración hasta la creación de productos artesanales como dulces e iconografía religiosa. Esta convivencia estrecha convierte al convento en una verdadera familia espiritual.
«Durante el tiempo que las monjas pasan en el monasterio, establecen una relación prácticamente familiar entre ellas, ya que son las personas con las que pasan todas las horas de su día a día, rezando, reflexionando y, en muchos casos, creando iconos religiosos o produciendo dulces para vender al exterior.»
Por esta razón, cuando una hermana decide dejar la vida monástica, no lo hace sin llevarse consigo una parte esencial de ese mundo. La despedida, aunque consentida y aprobada por la Iglesia, siempre está llena de significado y emoción.


