El creciente número de países que reconocen a Palestina como Estado, incluidos miembros del G7 como Reino Unido, Canadá y próximamente Francia, marca un respaldo con un fuerte valor simbólico. Según expertos, esta tendencia refleja un aumento del aislamiento diplomático de Israel en medio de la crisis en Gaza.
El derecho internacional establece tres condiciones: una población estable y permanente, un territorio delimitado y un gobierno soberano.
En 1947, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución que proponía dividir Palestina en dos Estados —uno árabe y otro judío— con un régimen especial para Jerusalén. Aunque ese plan nunca se concretó, el catedrático Ignacio Álvarez-Ossorio (Universidad Complutense de Madrid) sostiene que Palestina “tiene unas fronteras claras” y cumple con los requisitos, a pesar de que su territorio esté ocupado por Israel.
La profesora María de los Ángeles Ruiz, experta en Derecho Internacional Público, recuerda que los Estados son soberanos e independientes, y que el reconocimiento depende de la voluntad exclusiva de cada país.
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Para Álvarez-Ossorio, el reconocimiento no tendrá efectos inmediatos sobre la población ni detendrá la violencia en Gaza, pero sí evidencia que Israel “ya no goza de la misma impunidad” en la escena global.
En los países que formalizan este reconocimiento, se producen repercusiones prácticas: las representaciones diplomáticas palestinas adquieren estatus de embajadas y sus delegados pasan a ser reconocidos como embajadores.
El 29 de noviembre de 2012, Palestina fue admitida como Estado observador no miembro de la ONU, con 138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones. Este estatus le permitió adherirse a tratados internacionales como el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y convenios de derechos humanos, aunque su control territorial sigue siendo limitado.
Para convertirse en Estado miembro pleno, es necesario el voto del Consejo de Seguridad. Cuatro de sus cinco miembros permanentes —China, Francia, Rusia y Reino Unido— ya reconocen a Palestina o lo harán pronto. Sin embargo, el veto de Estados Unidos bloquea el proceso, aunque su posición minoritaria incrementa la presión diplomática.
Algunos expertos cuestionan la efectividad de este paso. La profesora Ruiz plantea: “¿De qué sirve un reconocimiento tan tardío si no queda nada que reconocer? Las fronteras palestinas están desdibujadas y bajo control de Israel, que regula la entrada y salida de personas, bienes y alimentos”.
En este contexto, aunque el reconocimiento se percibe como un avance político y simbólico, persisten los desafíos sobre su implementación práctica en un territorio marcado por la ocupación y la crisis humanitaria.
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Por: Itzel Olivo


