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Cafés de los 90 y principios de los 2000 o el refugio preferido de los jevitos de la época

Por Pachico Tejada

Santo Domingo.- Los jóvenes de los años 90 y principios de la década 2000, tuvieron en los cafés un refugio en el cual, aparte de distenderse y divertirse, forjar un estilo de vida aspiracional en bares que buscaban replicar un formato a la hechura de Estados Unidos.

Muchos de estos chicos habían crecido con la música rock de los 80s y buscaban espacios a los que pertenecer y sentirse «cool», y pese a que la realidad dominicana seguía siendo la misma, con Joaquín Balaguer imperturbable en la presidencia, y pese a que se viviera en esta isla del Caribe, en la que reina la música tropical, los jevitos de entonces querían tomar esos primeros tragos de alcohol escuchando rock.

Hoy con nostalgia, muchos de los que vivieron ese tiempo recuerdan sitios como Café Atlántico, Café Capri, Trío Café, Cafe Madrid, Bachata Rosa Cafe, Steak House Cafe, Cafe Caracoles, Exquesito, Don Pincho, Crazy Pub, o cualquier otro en el que pusieran la música de Duran Duran, Pet Shop Boys, Police, Depeche Mode, y, “maldecir al Disc Jockey si pone a Sergio Vargas”, como dice la canción «El jevito», en la que Toque Profundo describe a la perfección el comportamiento de los «popis» de esa época.

Estos cafés se pusieron de moda en la ciudad durante la década 90, ofreciendo a esta juventud espacios en los que iniciarse en las salidas nocturnas y encontrarse por primera vez con el alcohol.

Este tipo de bares, cafés y pubs, empezaron a finales de los 80, cuando reinaba el mítico Drake Pub, que se encontraba  en la Atarazana, justo donde hoy está el Pat’e Palo European Brasserie, y que fue en ese cierre de la década 80, el refugio perfecto para bohemios que buscaban algo distinto a lo que ofrecía la ciudad.

Estos establecimientos, con estilo del bar americano o pub irlandés, trajo una variedad de opciones, y en muchos de ellos la estética del decorado era importante. Como recuerda Joel Tavarez, que define como «mágicos» esos lugares, y hace especial referencia al Caracoles, que estaba ubicado en la Isabel la Católica, de la Zona Colonial, y que tenía una pecera enorme en la barra, y que era bastante llamativa.

La lista cafés de ese tiempo es larga y se desarrolló en distintas zonas de la ciudad, cada uno con personalidad distinta y algunas con ofertas de música en vivo, en los cuales las bandas de rock local encontraron sus espacios para llegar en directo a sus seguidores.

Ejemplo de ello fue Café Capri, que estaba ubicado en la avenida Tiradentes esquina Rafael Augusto Sánchez, en el mismo espacio que hoy ocupa el Drinks 2 Go, y en el que era fija la banda Top 40, con una joven Audrey Campos de vocalista.

Uno de los más famosos y que fue de los que más tiempo estuvo abierto, contando aún con una legión orgullosa de ex clientes, que todavía hoy ha vuelto a reunirse en distintos lugares, es Café Atlántico, Este bar, que abrió en 1985 y estuvo hasta los primeros años de la década 2010, se ubicaba en la México, casi esquina Abraham Lincoln. Samuel Gil, que era asiduo, lo recuerda con cariño y valora la familiaridad de todos los que trabajaban allá, al tiempo que entiende que este, como otros bares de la época, evocaban el ambiente de Estados Unidos.

De igual manera, Persio Saint-Hilaire recueda que Camelot, que estaba en la avenida Abraham Lincoln, exhibía una decoración medieval, en consonancia con su nombre, o que Coyote Ugly, del edificio del Gold’s Gym, en el Evaristo Morales, poseía su mobiliario inspirado en la película del mismo nombre.

Un detalle es que en el Internet no aparecen muchas imágenes de esa época pre-redes sociales, y que comentaron en el podcast «La perspectiva», que conduce José Luis Ravelo, quien en el episodio «Los lugares que brillaron en las noches de Santo Domingo», y que hablaron de este tema con Neil Checo y Rafael Fernández.

Lo que sí tuvo la mayoría de estos espacios fue personalidad, algo que los diferenciaba uno de otros y lograba que cada exigencia del público fuera complacida.

En ese sentido, se pueden contar varios representativos de esa época como el Steak house Cafe, ubicado en la Gustavo Mejía Ricart, y que daba una vital importancia a la música que colocaban con disc jockeys legendarios como Leo Miranda.

El Bachata Rosa Café, ubicado en la Atarazana, estaba inspirado en el álbum del mismo nombre de Juan Luis Guerra, y cuya estética giraba en torno a la figura del artista dominicano, con tragos que llevaban los nombres de sus canciones.

El Bus Stop Café, que era un autobús escolar convertido en bar y que estaba en la Winston Churchill esquina José Amado Soler, o Berimbau, de la Plaza Andalucía, con un estilo brasileño en cuanto a comida, bebidas y música.

El Hollywood Cafe, que estaba ubicado en la calle Alberto Larancuent, casi esquina Gustavo Mejía Ricart, tenía en su decoración el tema del cine norteamericano, con fotos y detalles de actores. El Karaoke Café, que luego se llamó Parqueo Bar, tenía una decoración como si fuera un submarino, y estuvo en la Roberto Pastoriza, casi esquina Tiradentes; Canta bar, uno de los primeros karaokes del país, en Unicentro Plaza, con su decoración rústica y los tragos servidos en jarritos de aluminio; Kokomo’s, como la canción de The Beach Boys, tenía una decoración playera, al estilo California o Hawái, fue uno de los más coloridos de la ciudad, y estaba en la avenida Tiradentes esquina Fantino Falco, donde hoy está Silver Sun.

A finales de los 90 y hasta 2002, estuvo Soho´s Bar, en la doctor Piñeyro, y al que asistían intelectuales, artistas y periodistas. Al cierre de este bar los administradores abrieron Parada 77, que tiene hoy un concepto de música tropical bailable.

La lista de sitios es larga, y Manuel Rocha hizo un recuento con casi todos, con la colaboración de Guillermo Sánchez, David García y Máximo Gómez.

Esta incluye a Zig Zag Cafe, de la avenida Bolívar, 8 puertas, de la José Reyes, y que hoy opera Microteatro; Doubles, de la arzobispo Meriño; Iguana cafe (que luego se llamó Oxygeno), Metrópolis Café, ambos en la Roberto Pastoriza; el Grand Café, en la Lope de Vega, (en lo que hoy es Porcelanosa); Trío Cafe, Montecristo Cafe, y Taberol, en la Abraham Lincoln; Rastros Café, en la Santiago, próximo a la Máximo Gómez; Crazy Pub, en la Vicente Celestino Duarte; Ortolio, que tuvo dos locales, uno en la calle Santiago y otra en la Virgilio Díaz Ordoñez; Beer House, en el parque de diversiones Arcadas, entre muchos otros.

Por Pachico Tejada

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