La comunidad internacional llega a la COP30 en Belém, Brasil, con una mezcla de esperanza y escepticismo ante un desafío urgente: incluir la conservación marina en las políticas nacionales, frenar la contaminación y fortalecer la ciencia oceánica para proteger el “pulmón azul” del planeta.
En esta edición, Naciones Unidas considera que la cumbre representa una oportunidad clave para que los países integren la protección de los mares en sus planes climáticos. Brasil, que alberga el evento, impulsará el “Desafío NDC Azul”, una iniciativa para que los Estados incluyan soluciones basadas en los océanos dentro de sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), como exige el Acuerdo de París. Los océanos producen al menos el 50 % del oxígeno del planeta, lo que refuerza la urgencia de actuar.
El desafío promueve medidas como la restauración de ecosistemas costeros, la planificación espacial marina, la transición fuera de los combustibles fósiles en el mar y el impulso de energías oceánicas limpias. Todo con un mismo objetivo: reconocer el papel esencial del océano frente a la crisis climática.
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Costas brasileñas bajo presión
Con casi 7.500 kilómetros de litoral, Brasil posee el decimosexto borde costero más largo del mundo, completamente bañado por el Atlántico. Allí, los impactos son evidentes: erosión acelerada, contaminación por plásticos y otros desechos, derrames de petróleo y hundimientos de barcos cargados de materiales tóxicos.
Expertos recuerdan que avanzar en la protección marina exige soluciones sustentadas en la ciencia, compromisos de descarbonización de actividades marítimas y portuarias, y una economía azul de bajas emisiones. También piden políticas que garanticen que todos los actores involucrados tengan acceso a conocimientos científicos confiables.
Un océano en crisis
Durante décadas, el océano ha ayudado a amortiguar los efectos del calentamiento global. Sin embargo, su salud se deteriora rápidamente por la eutrofización, la acidificación, el aumento de la temperatura del agua y la contaminación plástica.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advierte que el plástico ya representa el 85 % de los residuos que llegan al mar. Si no hay cambios, para 2040 esta cifra casi se triplicará, alcanzando entre 23 y 37 millones de toneladas anuales, lo que equivale a 50 kilos de plástico por metro de costa en el mundo.
En la COP30, uno de los puntos centrales será aumentar la inversión en ciencia oceánica, esencial para comprender y enfrentar los cambios que afectan tanto al océano como al clima global.
Un avance histórico en 2025
En septiembre pasado, el Tratado de Alta Mar (BBNJ) consiguió las ratificaciones necesarias para su entrada en vigor, prevista para enero de 2026. El acuerdo, bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, establece reglas vinculantes para conservar y usar de forma sostenible la biodiversidad marina en zonas fuera de jurisdicciones nacionales, que representan dos tercios de los océanos del planeta.
El tratado busca asegurar un reparto más equitativo de los beneficios de los recursos genéticos marinos, crear áreas protegidas y fortalecer la cooperación científica. Una vez en vigor, servirá como marco global para avanzar hacia la meta de proteger el 30 % de los ecosistemas terrestres y marinos para 2030, un objetivo del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal.
EFE


