Santo Domingo.- La Iglesia católica dio este domingo 30 la bienvenida a un nuevo Año Litúrgico, un ciclo espiritual que se renueva cada año y que, pese a su repetición, ofrece siempre nuevos matices para comprender la Historia de la Salvación.
“Tras concluir el periodo anterior con la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, la comunidad creyente inicia ahora el Ciclo A con el Tiempo de Adviento, una etapa marcada por la esperanza y la preparación interior”, explican.
El Adviento, que antecede a la celebración de la Navidad, recuerda tres dimensiones de la venida de Cristo: su llegada histórica en Belén, su retorno glorioso al final de los tiempos y su presencia cotidiana en la Eucaristía y en la vida diaria de los fieles.
Este periodo, de cuatro semanas, se divide en dos momentos: uno inicial, enfocado en la Venida Gloriosa del Señor, y otro orientado a la preparación inmediata para conmemorar su nacimiento el próximo 25 de diciembre.
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Los orígenes del Adviento se remontan a los primeros siglos del cristianismo, cuando, tras el fin de las persecuciones, los creyentes retomaron con vigor la celebración del nacimiento de Jesús. A partir del año 313, las fiestas dedicadas al Señor recobraron fuerza, y autores como san Jerónimo destacaron la actitud vigilante ante la llegada del Mesías. En el año 380, el Concilio de Zaragoza impulsó un periodo de preparación, mientras que en las Galias este espíritu de espera se consolidaba. Con el tiempo, figuras como san Hilario y san Gregorio de Tours introdujeron prácticas penitenciales previas a la Navidad. Ya en el siglo VI, Roma celebraba seis semanas de Adviento, hasta que san Gregorio Magno estableció definitivamente las cuatro que se observan en la actualidad.
La espiritualidad de este tiempo gira especialmente en torno a figuras como la Virgen María, san José, san Juan Bautista y el profeta Isaías, considerados pilares de la esperanza mesiánica. La tradicional Corona de Adviento, con sus velas encendidas cada domingo, simboliza al Pueblo Santo que, fiel a la llamada del Evangelio, aguarda la llegada de su Señor con la luz de la fe siempre encendida.


