Santo Domingo.- Antonio María Delgado, periodista de El Nuevo Herald, escribió un amplio reportaje sobre el modelo de lucha antidroga de la República Dominicana, destacando que el país pasó de ser un puente para el tránsito de grupos de narcotraficantes a un modelo del combate de ese flagelo.
Delgado destaca que, durante décadas, la República Dominicana cargó con una reputación que nunca buscó, pero que tampoco lograba desmontar.
“Atrapado entre la cuenca productora de Sudamérica y los mercados consumidores de Estados Unidos y Europa, el país quedó situado en un corredor global del narcotráfico. Los aviones aterrizaban en pistas clandestinas, las lanchas rápidas cruzaban el Canal de la Mona sin obstáculos y la cocaína se ocultaba en contenedores que salían de sus puertos. Las redes, respaldadas por corrupción e interferencia política, operaban con alarmante facilidad”, agrega, al tiempo que pondera la firme decisión de la nación de combatir este problema.
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Agrega que fue así como RD se convirtió, simultáneamente, en punto de tránsito, centro de lavado y refugio seguro. “Un lugar donde los casos iban a morir”, dijo en su momento un exagente policial estadounidense.
“A partir de 2020, la República Dominicana lanzó una de las campañas antidrogas más ambiciosas del hemisferio. En cinco años, las autoridades triplicaron las incautaciones, desmantelaron redes antes intocables, modernizaron sistemas legales y reconstruyeron la confianza internacional. Lo que había sido cooperación cautelosa se convirtió en un vínculo estratégico. ‘Un giro de 180 grados’, resumió un exfuncionario del Departamento de Estado. Pasó de una relación de desconfianza a una de reconocimiento”, indica.
Establece que la transformación comenzó con una apuesta política del presidente Luis Abinader.
“El Gobierno rompió con prácticas arraigadas, impulsó una purga de corrupción y otorgó verdadera independencia al Ministerio Público, incluida la designación de una procuradora autónoma. La independencia permitió reabrir casos que antes eran intocables. La impunidad perdió su escudo. Figuras antes protegidas enfrentaron escrutinio real. ‘Un reinicio cultural, donde la lealtad a la institución pesa más que la lealtad al poder’, dijo un funcionario”, documenta.
Destaca que la exfiscal Jenny Berenice Reynoso se convirtió, en ese momento, en símbolo de esa nueva era.
“Expedientes dormidos se transformaron en acusaciones formales. Desde 2020, al menos 28 altos funcionarios fueron destituidos, no siempre por delitos comprobados, sino por fallar pruebas de credibilidad”, establece.
Dice que, paralelamente, la Dirección General de Contrataciones Públicas dejó de ser ceremonial: comenzó a cancelar acuerdos que no cumplían estándares de transparencia.
“El sistema, antes vulnerable al lavado, pasó a funcionar como ‘un cortafuego’ con auditorías y alertas automatizadas. La reforma, más que legalidad, generó confianza. Y la confianza abrió puertas. Entre 2004 y 2020, las autoridades dominicanas incautaron 77 toneladas de drogas. Entre 2020 y 2025, la cifra superó los 227,824 kilogramos, incluidos 67,373 kilos en operaciones internacionales conjuntas. El salto fue sísmico”, reflexiona.
Dice que funcionarios estadounidenses subrayan que ese aumento no significa mayor flujo, sino mayor capacidad de detección y que la inteligencia se profundizó; la vigilancia aérea y marítima se expandió; la cobertura de radar eliminó antiguos corredores sin ley.
“La DNCD se profesionalizó y contrató 758 nuevos agentes. Con más personal y coordinación con Estados Unidos, rutas históricas colapsaron. Las lanchas rápidas hallaron más interceptaciones, las pistas clandestinas se silenciaron y el tránsito aéreo ilícito quedó casi erradicado”, explica.
Revela que se atacó uno de los corredores más usados por carteles venezolanos y colombianos y agrega que cerca del 90% de las drogas que pasan por el Caribe central transitan de alguna forma por aguas dominicanas.
“Las redes, modulares y discretas, evitan la violencia territorial vista en México o Colombia, optando por resolver disputas con compensaciones, no con balas. Esta dinámica explica por qué, pese al volumen, el país evitó guerras internas. El avance también se reflejó en la diplomacia. La República Dominicana pasó de participar a liderar en foros antidrogas. Desde 2020, figura entre los países con más extradiciones a Estados Unidos, más de 200, y los procesos avanzan con menos burocracia”, describe.
Estable que Washington ahora expresa admiración abierta, ya que una funcionaria del Departamento de Estado calificó la cooperación bilateral como “la más fuerte que ha existido”.
“Equipos, escáneres no intrusivos y nueva tecnología llegaron al país, pero, según la funcionaria, la clave ha sido la voluntad política. Buena parte de esa voluntad ha sido atribuida al contralmirante José Manuel Cabrera Ulloa, jefe de la DNCD desde 2021. Bajo su liderazgo, las incautaciones se hicieron públicas y las irregularidades dejaron de ocultarse. ‘Gran parte del éxito se debe a él’, dijo la funcionaria”, agrega.
Sostiene que, si la cocaína marcó una era, el fentanilo define la siguiente, y que hasta 2025, República Dominicana no registra casos de tráfico del opioide, pero la ausencia implica alerta. Ante la presión sobre las rutas mexicanas, Washington pidió a Santo Domingo prepararse antes de que llegue.
“El país respondió creando la primera Unidad de Drogas Sintéticas del Caribe, fortaleciendo el control de precursores con monitoreo digital y actualizando su ley para criminalizar el lavado con criptomonedas, la dark web y nuevas sustancias psicoactivas. Las unidades dominicanas entrenan con la DEA y el INL. Aeronaves vigilan corredores marítimos. Los precursores se rastrean desde la importación hasta las farmacias”, revela.
Mientras tanto, la frontera con Haití sigue bajo presión. La marihuana cruza por tierra, pero los flujos principales se han movido al mar y al aire. Los puertos, antes vulnerables, operan ahora bajo comisiones conjuntas y con escaneo riguroso de contenedores.
Aun así, persisten vulnerabilidades: se sospecha que ganancias ilícitas ingresan al sector inmobiliario de lujo y a concesionarios. Equipos de inteligencia financiera trabajan con Estados Unidos y Europa para cerrar esos canales.
Como reconocimiento a los avances, el Departamento de Estado alentó a la República Dominicana a presentar un candidato para dirigir la agencia antidrogas de la ONU, un gesto sin precedentes.
Pero el progreso es frágil. Funcionarios admiten que las reformas deben sobrevivir al gobierno que las impulsó, que la independencia del Ministerio Público debe resistir cambios políticos y que la transparencia necesita blindaje permanente.
“El trabajo nunca termina”, dijo uno de ellos.
NOTA: Antonio María Delgado fue galardonado periodista con más de 30 años de experiencia, especializado en la cobertura de temas sobre Venezuela. Amante de la historia y la literatura.


