Reza Pahlaví, heredero del sah de Irán depuesto en 1979 tras la Revolución Islámica, pidió a los líderes occidentales que “se mantengan del lado correcto de la historia” y respalden la voluntad del pueblo iraní de poner fin al régimen islamista.
“Ahora es esencial escuchar al pueblo iraní, que desea poner fin a este régimen. Se encuentra indefenso y se enfrenta con valentía a un poder que lo masacra”, declaró el hijo de Mohammad Reza Pahlaví, quien gobernó Irán entre 1941 y 1979. El heredero de la antigua dinastía sostiene que la represión no ha logrado sofocar el descontento social y que la ciudadanía está decidida a impulsar un cambio político profundo.
Pahlaví, que reside en Estados Unidos, subraya que es “moralmente imperativo que el presidente francés Emmanuel Macron y los líderes occidentales se mantengan del lado correcto de la historia”, a su juicio, los iraníes esperan un posicionamiento claro del mundo libre y rechazan cualquier nuevo acuerdo con un régimen que, asegura, se encuentra al borde del colapso.
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Desde el 28 de diciembre, miles de ciudadanos han salido a las calles para protestar contra la crisis económica y el régimen islamista. Según Pahlaví, estas movilizaciones marcan un punto de inflexión histórico. “Si se analiza la situación con atención, se puede decir que, por primera vez en cuarenta y siete años, se dan las condiciones necesarias”, afirma, aludiendo a las “numerosas grietas” que presenta el sistema y al hartazgo de una población que se declara “preparada” para el cambio.
“De ahora en adelante, es inútil intentar salvar el régimen actual, incluso si, una vez más, Occidente parece favorecer una política de apaciguamiento o de mantenimiento del ‘statu quo’, lo cual, en mi opinión, es un error de cálculo”, sostiene el heredero del sah, quien insiste en que prolongar el apoyo implícito al poder vigente solo agravará la crisis.
Ante este escenario, Reza Pahlaví, de 65 años, asegura que su papel es “unir a quienes tienen buena voluntad y liderar la transición democrática que está a punto de comenzar”. Defiende un proceso ordenado que permita a los iraníes decidir su futuro político sin imposiciones externas ni violencia.
“Deseo una transición fluida, con un objetivo simple: dar a nuestra nación, quizás por primera vez en su historia, la oportunidad de decidir su propio futuro”, afirma. Ese proceso, añade, debe desarrollarse mediante una asamblea constituyente que permita elegir entre una democracia republicana o una monarquía constitucional. Pahlaví asegura ofrecer al pueblo iraní “una hoja de ruta clara, así como una coordinación política eficaz”, y dice contar con “un plan de acción listo para implementarse al día siguiente de la caída”, que incluye “un programa para reactivar la economía”.
El heredero subraya que en la transición democrática deben tener cabida todas las corrientes políticas, ya sean republicanas, monárquicas, socialistas o conservadoras, siempre que respeten tres principios fundamentales: la unidad nacional, las libertades individuales y la igualdad para todos, además del laicismo. “Creo que todo iraní verdaderamente democrático debe respetar el principio de separación entre el poder religioso y el político, entendiendo que ser laico no significa ser antirreligioso”, precisa.
Pahlaví recalca que su objetivo es “incluir al mayor número posible de personas para garantizar una transición lo más fluida posible”. En ese sentido, afirma que busca “maximizar la participación de todos aquellos que no se han manchado las manos participando en la persecución de la población”, con el fin de evitar revanchas y consolidar un nuevo consenso nacional.
En el plano internacional, Reza Pahlaví manifiesta su intención de integrar a Irán en los Acuerdos de Abraham, los tratados de normalización impulsados durante la presidencia de Donald Trump entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Baréin. “Deseo integrar a Irán en estos acuerdos como socio, en una colaboración amistosa y fraternal con nuestros vecinos árabes e Israel. ¡Imaginen el impacto global!”, declara.
“Acabaríamos con el radicalismo religioso, ya sea chií con sus aliados iraníes o suní con la Hermandad Musulmana, que amenaza a Oriente Medio, a Occidente y a los propios musulmanes”, concluye, al presentar su visión de un Irán integrado en la comunidad internacional y alejado del extremismo.


