Por: Ling Almánzar.-
El escándalo tuvo como protagonista al gran Dalai Lama, involucrado ahora en el caso Epstein. Fue una acción aberrante y siempre recordada. Los videos no mienten. Presidiendo una sesión pública el 10 de abril de 2023, hace casi tres años, el líder espiritual toma en sus manos a un niño, lo va aferrando a su lado y con todo descaro le pide un beso en la boca.
Palabra y acción van juntas. Y todavía escandalizan, porque el Dalai se pasó de la raya. En principio, maestro y discípulo se abrazan y sonríen. El gurú acerca su boca a la del nene, haciéndole una insinuación aberrante, mientras lo va acercando hasta que tocan sus frentes, rozando nariz con nariz. No le importan las cámaras: solo quiere besar al chico que tiene enfrente. Le agarra la punta de la barbilla hasta que se rozan los labios.
Después, suelta una risotada e inclina su cabeza concentrado en la boquita del pequeño, al que le vuelve a tomar la barbilla. Las frentes se tocan de nuevo, la del nene más arriba que la del Dalai, que sigue reconcentrado en esos labios infantiles.
Está obsesionado con ese nene, que no tarda en reaccionar. Haciendo un gesto brusco se aparta del «papa» budista. Es una forma infantil, pero efectiva, de mostrar rechazo a la aberración. Unos segundos después, no satisfecho con el aberrante roce, el Dalai le pide que le chupe la lengua. Insiste en su apetito carnal. Con su brazo derecho le toca el izquierdo. Saca la lengua y se la va acercando cada vez más, indicándole que se la chupe. Quiere un lengüetazo, ese viejo perverso. El niño hace una mueca, como que también la va a sacar, mientras vuelven a tocarse en nariz y frente.
El Dalai le da una fuerte palmada y se ríe a carcajadas. Luego, aprieta la mano derecha del nene y con sentida emoción la apoya en su mejilla derecha. Así permanece unos segundos, ardiendo en deseos. Entonces, le pasa la mano derecha por la parte posterior del cuello, lo atrae hacia sí y el busto del nene se recuesta en su pecho.
Al desatarse el escándalo, el sabio depravado pidió perdón ante el mundo. Si lo hizo en público, frente a las cámaras, ¿qué no habrá hecho a escondidas, con Epstein y otros maniáticos sexuales? Unas 169 veces aparece su nombre en los archivos del caso.


