Cientos de desplazados por la violencia de las bandas armadas en la capital de Haití comenzaron a regresar a sus hogares, después de que el líder pandillero Jimmy Cherisier, alias Barbecue, anunciara que había ordenado a sus “soldados” retirarse de algunas zonas de Puerto Príncipe.
Cherisier, quien encabeza la coalición criminal Viv Ansanm (Vivir Juntos), que desde hace más de un año controla varios barrios de la capital haitiana, afirmó en un video que pedirá a sus hombres abandonar sectores estratégicos. “Estoy dando los últimos retoques con Viv Ansanm para que, antes del viernes, antes de que termine el mes de agosto, nos retiremos de Delmas 30, Solino, Christ Roi y Nazon, para que la gente pueda volver a sus casas”, señaló.
El anuncio provocó que decenas de familias emprendieran el regreso, aunque en muchos casos lo que encontraron fueron viviendas destruidas, incendiadas o saqueadas. Claude, uno de los desplazados que había permanecido en un campamento de Médicos Sin Fronteras (MSF), relató que quedó “atónito” al ver los daños en su casa. “No puedo volver. Se lo han llevado todo. No nos queda nada. Es el Estado el que debe ayudarnos, dependemos de él”, dijo, mostrando su vivienda sin puertas ni ventanas, con el techo roto y los pocos muebles inservibles.
La misma escena se repite en otros barrios, donde los hogares fueron vandalizados y las calles permanecen bloqueadas por escombros y basura que los grupos armados utilizaron como trincheras. El panorama, según describen los vecinos, parece el de un terremoto.
Pese a la destrucción, muchos desplazados han optado por permanecer en sus comunidades, ya que los campamentos carecen de servicios básicos como agua potable, electricidad, salud y alimentación.
Un país marcado por el desplazamiento y la violencia
Haití vive una de las crisis humanitarias más graves de su historia reciente. Más de un millón de personas —incluidos miles de niños— son desplazados internos, de acuerdo con las agencias internacionales. Solo en la región metropolitana de Puerto Príncipe, controlada en un 90 % por las bandas armadas, uno de cada tres habitantes se ha visto obligado a abandonar su hogar para refugiarse en campamentos improvisados, huir hacia otras provincias o migrar hacia países como Brasil y México.
La violencia no da tregua: entre abril y junio de este año, al menos 1.520 personas fueron asesinadas y otras 609 resultaron heridas, principalmente en la capital, pero también en Artibonite y el departamento del Centro.
El pasado domingo, miles de desplazados marcharon por las calles de Puerto Príncipe para exigir garantías que les permitan regresar a sus hogares. Al día siguiente, varios centenares de familias fueron vistas en la autopista de Delmas emprendiendo el retorno.
Algunos observadores consideran que la decisión de las bandas de permitir el regreso podría estar vinculada a la inminente intensificación de las operaciones de la Policía Nacional de Haití (PNH), con el apoyo de la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), encabezada por Kenia y compuesta por casi 1.000 agentes.
En los últimos meses, la PNH y las fuerzas internacionales han logrado abatir a cientos de pandilleros en enfrentamientos armados, mientras que el uso de drones kamikazes ha añadido presión sobre estos grupos, que han convertido a Puerto Príncipe en un campo de batalla marcado por asesinatos, secuestros, violaciones y desplazamientos masivos.


