Santo Domingo.- El médico neurosiquiatra Segundo Imbert Brugal analizó recientemente cómo continúa ventilándose en plataformas y redes sociales el controvertido conflicto ético y legal sobre el tratamiento del autismo en la República Dominicana.
Imbert Brugal señaló, en un artículo publicado en Acento, titulado: “Tres preguntas y la esperanza”, que, lamentablemente, ya sin sosiego, esa discusión mediática ha sustituido el incumplido deber de instituciones públicas y profesionales. Añadió que, sin lugar a duda, es un tema digno de aclararse, pues atañe al ejercicio de la medicina.
El autor explicó que practicó una especialidad durante cincuenta años, por lo que considera que puede asistir a racionalizar la discusión. Lo hace enfocando la disputa en tres preguntas que no pueden evitarse.
“La primera, preguntarse si es ético fungir como experto en varias enfermedades sin el entrenamiento requerido; ajeno a necesaria exigencias y supervisiones académicas. ¿Acaso es válido presentarse como experto confiando en una experiencia clínica personal?”, añadió.
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Recordó que Hipócrates mandó a jurar: «No operaré a nadie por cálculos, sino que dejaré esto a los cirujanos especialistas». Explicó que ya desde hace dos mil años se enfatizaba que una cosa es saber de cirugía y otra del corazón o de infecciones. En otras palabras, citó: «Zapatero a sus zapatos».
A continuación, comunicó que debe considerarse una segunda pregunta: qué estatus otorgar a quienes utilizan tratamientos de dudosa efectividad, basados en resultados sintomáticos carentes de seguimiento científico probatorio. Cuestionó si ejercen de manera correcta o si incumplen reglas establecidas, y concluyó: una u otra.
“Meditando sobre las dos interrogantes anteriores, es imposible dejar fuera el daño psicológico. De no incluirse, quedaría debilitada la discusión: ignorar la dualidad cuerpo y alma, el dúo diferencial de nuestra especie, es polemizar con punto ciego. Una vez aceptada esa realidad existencial- que no puede no aceptarse-, entonces enfrentar la tercera pregunta: ¿Constituye la falsa esperanzas un daño psicológico? La respuesta es fácil, puesto que ofrecer ilusiones de curación; mentir sobre la espera termina dañando al individuo”, reveló.
Citando al filósofo e historiador de la medicina Pedro Laín Entralgo, en su libro «Filosofía de la esperanza», expuso: «El conflicto ético de la falsa esperanza en medicina radica en la tensión entre el deber de no mentir (veracidad) y el deseo de no dañar emocionalmente (beneficencia) al paciente. Generar expectativas poco realistas bloquea la asimilación de la realidad vulnerando la autonomía del paciente al privarlo de información veraz para decidir sobre su futuro…».
ENGAÑO, PLACEBO Y RESPONSABILIDAD PROFESIONAL
El autor afirmó que, sin importar el tipo de truco o rejuego que se intente, falsear las expectativas de tratamiento es inaugurar un daño. Por consiguiente, advirtió que, de no incluirse la esperanza en las premisas de argumentación, la polémica queda invalidada.
Explicó que, ya sea en base a carisma, medicamentos, rituales o cirugías falsas, como las de aquellos “cirujanos” filipinos, ilusionar a través de sugestiones o confiando en el 30 % del efecto placebo es mostrar vocación de engaño. Cuestionó: ¿acaso no es charlatanería hacer creer que se cura lo que no se cura?
Finalmente, expresó que los defensores del “laissez-faire” ético deben entender que existe una deontología médica, asignatura obligatoria en las facultades de medicina, a la que deben atenerse sin contemplación los profesionales.
Subrayó que en ella no caben laxitudes acomodaticias y recomendó conocer las consecuencias que enfrentan quienes violan estos principios en países con mayor rigor institucional.
Indicó que quienes defienden a uno de los protagonistas del conflicto no pueden ignorar que, junto al nacimiento del oficio médico, surgieron reglas específicas de conducta profesional orientadas a evitar daño al paciente y dignificar la profesión. Citó el principio: «Primun non noceré», como dogma vigente desde antes del nacimiento de Cristo.
“El tema, repito, es de suma importancia y no puede discutirse contaminado por la amistad, el compadrazgo, bonhomías, ni espíritu de grupo. No se trata de un debate entre políticos, que perdonan todo. Aquí, lo que importa es aclarar si esta sociedad seguirá contemporizando con quienes mercadean las esperanzas del enfermo”, concluyó.


