Nuevos documentos del Departamento de Justicia revelan que el gigante financiero UBS facilitó transferencias millonarias a favor de Ghislaine Maxwell apenas semanas antes de que comprara la propiedad donde se ocultó hasta su arresto en 2020.
El dinero, enviado un mes antes de la compra, terminó financiando la residencia conocida como “Tucked Away”, un aislado complejo en New Hampshire adquirido por 1.1 millones de dólares mientras Maxwell intentaba desaparecer del radar, según una exclusiva de Reuters.
Lo más delicado es que el banco procesó estas operaciones incluso después de haber recibido una citación judicial en medio de una investigación por tráfico sexual vinculada a Jeffrey Epstein.
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A pesar de que UBS había comunicado que dejaría de trabajar con Maxwell, continuó gestionando fondos a través de una red de cuentas y fideicomisos, lo que plantea serias dudas sobre el cumplimiento de los controles contra el lavado de dinero y el manejo de clientes de alto riesgo.
Los archivos también revelan que cerca de 8 millones de dólares fueron transferidos desde una cuenta vinculada a Maxwell hacia estructuras financieras que finalmente permitieron la compra del escondite. Investigadores federales incluso señalaron que la propiedad podría haber sido adquirida con fondos relacionados al tráfico de personas.
Maxwell, condenada en 2021 a 20 años de prisión, fue arrestada en ese lugar tras vivir bajo identidad falsa, bajo el nombre de “Janet Marshall”, y con medidas de seguridad extremas para evitar ser rastreada.
El caso vuelve a poner en el centro del debate el rol de grandes bancos internacionales en las operaciones de clientes multimillonarios vinculados a delitos graves. Según legisladores estadounidenses, estas instituciones a menudo “miran hacia otro lado” para no perder clientes de alto patrimonio, incluso cuando existen señales claras de irregularidades.
Traducido por: Letty Bonnin.


